Lunes , 16 julio 2018
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“La risueña esfinge del humor”

“El día peor empleado es aquel en que no se ha reído.”  (Chamfort) 

 

Es probable que en algún momento de la vida conozcas  o  comentes que un compañero de curso, compañero de trabajo, un familiar o incluso el jefe, son personas serias, apagadas o que carecen de sentido del humor; percibiendo en ellos un decaimiento, gravedad en las palabras, alarmas excesivas y un aumento de preocupaciones… donde al fin y al cabo terminan alejados del disfrute, olvidando sonreír o reprimiendo emociones referidas al placer o a las gratificaciones.

No hay duda que el humor y la risa son fenómenos de enorme relevancia para la Psicología Positiva como así también para la mayoría de las personas; debido a que es una de las emociones positivas más frecuentes, contagiosas y llamativas del ser humano.

Aunque los procesos neuroquímicos asociados con la risa aún no están identificados del todo y tampoco se ha demostrado empíricamente que la risa “libera endorfinas” como se repite en diversos artículos de psicología popular; es necesario saber que el sistema dopaminérgico (encargado de cumplir funciones relacionadas con las necesidades básicas del ser humano) desempeña un papel clave, proporcionando a la persona “recompensas” hedónicas (referidas al placer) cada vez que reímos espontáneamente.

Varios de los beneficios atribuidos a la risa parecen depender no tanto de la expresión de la misma, sino de la emoción positiva que la subyace, es decir, de la hilaridad.

humorTanto la risa como el humor permiten ampliar el repertorio de pensamientos y acciones del individuo y fomenta la construcción de recursos para el futuro; sobre todo en momentos de adversidad; ya que es en estas situaciones cuando la vida se percibe mucho más seria y compleja, donde muchas veces cuesta incluso  sonreír.

¿Cuántas veces nos hemos contagiado con la risa constante de un niño?  o  ¿Cuántas veces  hemos reído despampanantemente con una película cómica?.  Esto se debe a que la hilaridad es una emoción eminentemente social, muy contagiosa, que fomenta la adquisición y refuerzos sociales mediante el efecto de cohesión interpersonal.

Tanto la risa como el humor funcionan como reguladores del estado anímico, permite el desarrollo de la actitud resiliente y fortalece el desarrollo espiritual a través del estado de flow (fluir) y de un elevado nivel de sabiduría o madurez emocional.

Cuando relacionamos el humor con el bienestar, aparecen diferentes tipos de humor, donde se puede observar que no todos apuntan a un crecimiento o a un fortalecimiento de emociones positivas. Por ejemplo  dentro de este bagaje encontramos el humor agresivo (ridiculizar, satirizar), el humor autodestructivo (reírse de uno mismo para caer bien a los demás), humor afiliativo (bromear para hacer reír a otros) y humor autoafirmante (reír sobre las incongruencias de la vida). Numerosos estudios han encontrado que el humor afiliativo y especialmente el autoafirmante  se relacionan positivamente con la autoestima y el bienestar psicológico y negativamente con la ansiedad y depresión.

El humor y la risa permiten liberar tensiones, disipar las preocupaciones, relajarnos y  olvidarnos por algún momento de situaciones conflictivas. Repercute en el modo en que nos enfrentamos al estrés, obteniendo así un crecimiento personal cargado de  mayor humanidad y plenitud.

La invitación de hoy, es recuperar el significado de las esfinges de la Antigua Grecia, donde aquellos monumentos representaban la sabiduría y la fuerza del rey. Hoy, el humor debe ser vivenciado como en aquella época, con monumentos majestuosos de risas, donde realmente se plasme el  alma del ser humano.

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